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Abstracto |
En los primeros tiempos del fenómeno emblemático-heráldico, la adopción de unas armerías no respondía a un proceso reflexivo, tal y como ahora parecería natural, sino a unos impulsos espontáneos, en los que predominaba el simple gusto o capricho, cuando no la directa imitación o aceptación de modelos ya existentes, con independencia de la significación o valor social que se les reconociera. Un buen testimonio de ello lo ofrecen las armas traídas ya antes de mediar el siglo XIII por el linaje renombrado Limia, cuyo análisis ofrece lecturas interesantes para comprender el sentido y alcance de estos procedimientos habituales. Como se trata aquí, los palos y palados de los Limia fueron traídos después por los Valcárcel y, más tarde, por un pequeño número de linajes de ellos derivados, aunque las modificaciones introducidas parecen ocultar este origen: las varillas de los Varela, las correas de los Isorna, las lanzas parlantes de los Lanzós -o Lanzones- o las estacas de los Quiroga, así como la losa de los Losada y las fórmulas fusionadas de palos y calderas, cuyo inicio pudo estar en los Biedma y que no tardaría en identificar también al grupo de los Taboada y Noguerol. |
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